Haremos, y escucharemos
Dos coronas de los ángeles, un hereje en la casa de estudio, y la novia que fue conservada — Parte III
Shabat 88a–b · Éxodo 24:7 · Salmos 103:20 · Cantar de los Cantares 2:3, 4:9, 1:12 · Éxodo 33:6 · Proverbios 11:3 · Jueces 5:31
Antes de comenzar, una breve aclaración. Lo que sigue es una interpretación entre muchas. Algunos de los personajes de estas historias fueron grandes tzadikim —hombres y mujeres de una estatura espiritual incalculable— y los sabios que las registraron eligieron cada palabra con sumo cuidado. Ofrecemos una interpretación, basada en el texto y en los comentaristas clásicos, los Meforshim; no pretendemos haber comprendido la profundidad de sus pensamientos o sentimientos. Donde un ensayo dice «él sentía» o «los sabios querían decir», léase: «así es como la historia, tal como la entendemos, nos invita a verlos».
וַיִּקַּח סֵפֶר הַבְּרִית וַיִּקְרָא בְּאָזְנֵי הָעָם וַיֹּאמְרוּ כֹּל אֲשֶׁר־דִּבֶּר ה׳ נַעֲשֶׂה וְנִשְׁמָע
"Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, y dijeron: Todo lo que el Señor ha dicho, haremos y escucharemos." (Éxodo 24:7)
¿Firmaría usted un contrato sin leerlo?
La mayoría diríamos que no, y tendríamos razón. Pero hay personas por las que quizás sí. Un padre. Un amigo de cuarenta años. Alguien en cuyo juicio confiamos más que en nuestra propia lectura. Firmá acá, nos dicen, y firmamos, y después preguntamos qué era. Eso no es descuido. Es una clase de conocimiento, el conocimiento de la persona, que ocupa el lugar del conocimiento del documento.
Los dos primeros ensayos de esta serie trataban de la presión desde arriba: una montaña sostenida sobre las cabezas del pueblo, una creación que sería deshecha si se negaban. Este ensayo trata de la respuesta del pueblo. Antes de que la Torá fuera entregada, dice Éxodo, Moisés leyó el pacto en voz alta, y el pueblo respondió con dos palabras que el Talmud nunca se cansó de repetir: naasé ve-nishmá. Haremos, y escucharemos. En ese orden. Comprometerse primero; entender después. Los sabios de Shabat 88a–b elogian esas dos palabras como lo mejor que Israel dijo jamás. Después dejan que un hereje entre a la casa de estudio y llame imprudente a todo el asunto, en la cara de un rabino, mientras los dedos del rabino sangran. Y después se vuelven hacia lo que pasó cuarenta días después del Sinaí, al pie de la misma montaña, con un becerro de oro. Este es el ensayo sobre si comprometerse antes de entender es lo más sabio que una persona puede hacer o lo más necio. El Talmud logra decir: las dos cosas.
El texto
Las dos palabras vienen de Éxodo 24, un capítulo que los sabios leen como la descripción del día anterior a la revelación. Así que el pueblo aceptó el pacto antes de oír un solo mandamiento.¹ Sobre esa aceptación el Talmud dice:
דָּרַשׁ רַבִּי סִימַאי: בְּשָׁעָה שֶׁהִקְדִּימוּ יִשְׂרָאֵל ״נַעֲשֶׂה״ לְ״נִשְׁמָע״ בָּאוּ שִׁשִּׁים רִיבּוֹא שֶׁל מַלְאֲכֵי הַשָּׁרֵת, לְכׇל אֶחָד וְאֶחָד מִיִּשְׂרָאֵל קָשְׁרוּ לוֹ שְׁנֵי כְתָרִים, אֶחָד כְּנֶגֶד ״נַעֲשֶׂה״ וְאֶחָד כְּנֶגֶד ״נִשְׁמָע״
Enseñó Rabí Simai: Cuando Israel puso "haremos" antes de "escucharemos", vinieron seiscientos mil ángeles servidores, y a cada uno de Israel le ataron dos coronas, una por "haremos" y otra por "escucharemos".
Seiscientos mil es el número de los hombres que salieron de Egipto: un ángel por persona, dos coronas por cabeza. Y enseguida, sin pausa, la otra mitad. Cuando Israel pecó con el becerro de oro, bajó el doble de ángeles de destrucción y les arrancaron las coronas. El Talmud lo encuentra en el versículo que dice que el pueblo, de duelo después del becerro, "se despojó de sus ornamentos desde el monte Horeb" (Éxodo 33:6). En Horeb fueron coronados, dice Rabí Jamá hijo de Rabí Janiná, y en Horeb fueron despojados.²
Después, un segundo dicho sobre el mismo momento:
אָמַר רַבִּי אֶלְעָזָר: בְּשָׁעָה שֶׁהִקְדִּימוּ יִשְׂרָאֵל ״נַעֲשֶׂה״ לְ״נִשְׁמָע״ יָצְתָה בַּת קוֹל וְאָמְרָה לָהֶן: מִי גִּלָּה לְבָנַי רָז זֶה שֶׁמַּלְאֲכֵי הַשָּׁרֵת מִשְׁתַּמְּשִׁין בּוֹ?
Dijo Rabí Elazar: Cuando Israel puso "haremos" antes de "escucharemos", salió una voz celestial y les dijo: ¿Quién reveló a Mis hijos este secreto que usan los ángeles servidores?
La prueba es un versículo de Salmos sobre los ángeles mismos: "Bendigan al Señor, ustedes Sus ángeles, poderosos en fuerza, que hacen Su palabra, para escuchar la voz de Su palabra" (103:20). Hacer primero, escuchar después. El orden de las dos palabras en el Sinaí, dice la voz, es el orden de la propia existencia de los ángeles. Y Rabí Jamá agrega la imagen que quedó unida al pasaje desde entonces: ¿por qué Israel es comparado con un manzano (Cantar de los Cantares 2:3)? Porque así como el fruto del manzano viene antes que sus hojas, así Israel puso "haremos" antes de "escucharemos".³
Después el tono cambia.
הָהוּא מִינָא דְּחַזְיֵיהּ לְרָבָא דְּקָא מְעַיֵּין בִּשְׁמַעְתָּא, וְיָתְבָה אֶצְבְּעָתָא דִידֵיהּ תּוּתֵי כַּרְעָא וְקָא מָיֵיץ בְּהוּ, וְקָא מַבְּעָן אֶצְבְּעָתֵיהּ דְּמָא. אֲמַר לֵיהּ: עַמָּא פְּזִיזָא, דְּקַדְּמִיתוּ פּוּמַּיְיכוּ לְאוּדְנַיְיכוּ
Cierto hereje vio a Rava absorto en un punto de la ley, con los dedos apretados bajo la pierna, triturándolos, y sus dedos brotaban sangre. Le dijo: Pueblo impulsivo, que pusieron la boca antes que los oídos — ¡y todavía persisten en su impulsividad!
Tendrían que haber escuchado primero, sigue el hombre. Si podían soportarlo, aceptar; si no, no aceptar. Es un argumento justo, dicho con crueldad.⁴ Rava está tan hundido en el razonamiento que no ha notado su propia sangre, y el hereje dice: eso es exactamente lo que está mal en ustedes, y está mal desde el Sinaí. Rava responde con un versículo: "Nosotros, que caminamos en integridad, de nosotros está escrito: 'La integridad de los rectos los guiará.' De los que caminan en torcedura está escrito: 'la perversidad de los infieles los destruirá'" (Proverbios 11:3).
Y entonces, como si el hereje hubiera tocado algo verdadero, el Talmud se vuelve hacia el becerro. Rabí Shmuel bar Najmani, en nombre de Rabí Yonatán, lee el versículo "Me robaste el corazón, hermana mía, novia; me robaste el corazón con uno de tus ojos" (Cantar de los Cantares 4:9): al principio, con uno de tus ojos; cuando hagas, con los dos. Ula dice la línea dura del pasaje: "Desvergonzada es la novia que es infiel bajo su propio palio nupcial." Israel, cuarenta días después del Sinaí, bailando alrededor de un becerro. Rav Mari encuentra el versículo: "Mientras el rey estaba aún a su mesa, mi nardo dio su aroma" (Cantar de los Cantares 1:12), el perfume echándose a perder mientras el banquete de bodas seguía servido. Y entonces Rav dice la línea que rescata todo el pasaje:
אָמַר רַב: וַעֲדַיִין חַבִּיבוּתָא הִיא גַּבַּן, דִּכְתִיב ״נָתַן״, וְלָא כְּתִיב ״הִסְרִיחַ״
Dijo Rav: Y todavía el cariño está con nosotros — pues está escrito "dio", y no está escrito "apestó".
La sección cierra con una enseñanza de los sabios: los que son insultados y no insultan, los que oyen su vergüenza y no responden, los que actúan por amor, de ellos dice el versículo: "Y los que Lo aman son como el sol cuando sale en su fuerza" (Jueces 5:31). La palabra para "insultados", aluvin, es la palabra que usó Ula para la novia: aluvá. El pasaje que empezó llamando desvergonzado a Israel termina elogiando a los que soportan la vergüenza en silencio.
Las lecciones
Este pasaje elogia al pueblo y después se vuelve contra él, y eso solo ya levanta preguntas. ¿Por qué decir "haremos" antes de "escucharemos" merece no una corona sino dos? ¿Para qué es la segunda corona? ¿Y por qué seiscientos mil ángeles ataron las coronas, dos coronas por cada par de manos, mientras que el doble de ese número vino a quitarlas, una corona cada uno? Si una voz celestial llama a ese orden el secreto propio de los ángeles, ¿por qué el Talmud deja que un hereje lo llame impulsividad? ¿Y por qué nos muestra a Rava, en ese mismo momento, sangrando sin darse cuenta? ¿Por qué el pasaje va directo de la mejor hora del pueblo a la peor, con cuarenta días de distancia? ¿Y por qué la novia es desvergonzada en una línea y sigue siendo amada en la siguiente? Creo que el pasaje es un solo argumento sobre la naturaleza del compromiso: que la clase más honda viene antes del entendimiento, que eso es a la vez su gloria y su peligro, y que lo que al final lo vuelve seguro no es el conocimiento sino el amor.
1. Para qué es la segunda corona
El número es la primera sorpresa. Rabí Simai no dice que los ángeles ataron una corona por decir las palabras en el orden correcto. Dice dos: una por "haremos", otra por "escucharemos". El hacer se premia, y también el escuchar. ¿Por qué "escucharemos" merece algo? Todo el mundo escucha.
Porque nishmá, puesto en segundo lugar, no es la misma palabra que sería puesta en primero. "Escucharemos, y después haremos" significa: muéstrennos las condiciones, y decidiremos. "Haremos, y después escucharemos" significa: ya somos tuyos; ahora enséñanos. La segunda escucha no es la de un comprador revisando las condiciones. Es la atención de quien ya dijo que sí y quiere entender a qué dijo que sí. El compromiso sin el deseo de entender es obediencia ciega. El entendimiento sin compromiso previo es ir de compras. El Sinaí no fue ninguna de las dos cosas. Fue un pueblo entregándose primero y pidiendo después que le enseñaran.
Eso es también lo que la voz celestial quiere decir al llamar a ese orden el secreto de los ángeles. El versículo de Salmos hace que los ángeles hagan Su palabra y después la escuchen. Un ángel no delibera. No hay brecha, en un ángel, entre ser llamado y responder. Los seres humanos tenemos la brecha. Ahí vive nuestra libertad, y también nuestra vacilación, nuestro regateo, nuestro "déjame pensarlo". Lo que asombra a la voz es que, por un momento, un pueblo entero cerró la brecha y respondió como responden los ángeles.
Conocemos ese orden por nuestra propia vida. Los compromisos más grandes que la mayoría de las personas asume, con un matrimonio, con un hijo, con una vocación, se asumen antes de que sea posible entender lo que van a exigir. Nadie sabe qué es un matrimonio hasta que lleva años adentro. Nadie sabe lo que va a costar un hijo. Decimos "haremos" a esas cosas, y pasamos el resto de la vida en la escucha. Los sabios están diciendo que eso no es un defecto de cómo se comprometen los humanos. Es como se hacen los mejores compromisos.
2. Por qué el Talmud conservó la burla
Y entonces el Talmud hace algo valiente. Deja hablar al otro lado.
El hereje ve a Rava tan absorto en un argumento de Torá que sus dedos sangran y no lo ha notado, y dice: ese es tu pueblo. Aceptaron antes de escuchar, y siguen sin escuchar, ni siquiera a su propio cuerpo. Imprudentes. Tendrían que haber preguntado qué decía el contrato.
El Talmud no lo presenta como un tonto. Su observación es exacta: Rava está sangrando. Su principio es uno que toda persona sensata sostiene: leer antes de firmar. Y el Talmud acaba de pasar una página elogiando lo contrario. ¿Por qué conservar esta escena?
Porque el elogio no está a salvo sin el desafío. Una tradición que solo dijera "comprométete primero, entiende después" estaría enseñando confianza ciega. Produciría gente que puede ser llevada a cualquier parte. La voz del hereje es una pregunta que el Talmud estuvo dispuesto a enfrentar. Está diciendo: sabemos cómo se ve esto desde afuera. Sabemos que hacer antes de escuchar puede volverse fanatismo. Sabemos que un hombre demasiado hundido en el estudio para sentir su propia sangre puede ser una imagen de la devoción o una imagen de la ceguera, y que las dos pueden ser difíciles de distinguir.
La respuesta de Rava, leída con la explicación de Rashi, no es "te equivocas en que firmamos sin leer". Es: sabíamos con quién firmábamos. "Caminamos con Él con corazón íntegro", explica Rashi, "a la manera de los que actúan por amor, y confiamos en que no nos impondría nada que no pudiéramos soportar." Se puede hacer antes de escuchar cuando el que pide acaba de sacarte de Egipto y de cruzarte el mar. El pueblo no firmaba a ciegas. Firmaba sobre la fuerza de todo lo que sabía del que pedía. El hereje tiene razón sobre cualquiera que se compromete con algo en lo que no tiene motivos para confiar. Se equivoca sobre este pueblo y este Dios. La diferencia no es un detalle. Es todo el asunto.
3. Cuarenta días después, y la palabra suave
Después, el becerro. El Talmud no nos deja quedarnos en la coronación. Va directo al despojo: la misma montaña, el mismo pueblo, los ornamentos del Sinaí quitados en duelo por lo que habían hecho.
Contemos los ángeles. Seiscientos mil vinieron a coronar al pueblo, y cada uno ató dos coronas. El doble de ese número vino a despojarlos, y cada uno se llevó solo una. Los Tosafot lo explican por la fuerza: un ángel de destrucción es de la clase más débil, y una corona es todo lo que puede cargar. Los números dicen algo más. Las coronas fueron atadas juntas, por un mismo par de manos, porque "haremos" y "escucharemos" fueron una sola frase y un solo acto. No se soltaron juntas. Cada corona necesitó su propio ángel, porque cada una puede perderse por sí sola. Una persona puede mantener la promesa y dejar de querer entenderla. Ese es el fanático, lo que el hereje vio en Rava. Una persona puede mantener el deseo de entender y soltar la promesa. Ese es un lector que no tiene nada en juego en lo que lee. El becerro le costó al pueblo las dos coronas. Pero hicieron falta dos ángeles para deshacer lo que uno había hecho. Un compromiso hecho en un instante no se deshace en un instante. Se afloja por etapas, y una persona puede estar a medio camino de salir sin darse cuenta.
Esto es el argumento del hereje demostrado, y el Talmud lo concede. El compromiso antes del entendimiento es glorioso, y es frágil. Un pueblo que dijo que sí en un momento de confianza completa pudo decir que sí a otra cosa cuarenta días después, cuando Moisés tardaba en bajar y la confianza flaqueó.⁵ El sí era real. Pero un sí que todavía no creció hasta ser entendimiento, hábito, una vida, puede perderse en una tarde. El fruto del manzano viene antes que las hojas, y el fruto sin hojas está expuesto.
El versículo de Rabí Yonatán lo dice con precisión. "Me robaste el corazón con uno de tus ojos." La aceptación en el Sinaí ganó el corazón de Dios con un ojo, el sí. "Cuando hagas, con los dos ojos." El segundo ojo es el hacer: los años de cumplir, la Torá vivida hasta que ya no es una promesa sino un carácter. El becerro ocurrió entre el primer ojo y el segundo. Y la línea de Ula, desvergonzada es la novia que es infiel bajo su propio palio, está hecha para doler. El Talmud no excusa el becerro.
Entonces Rav dice la línea hacia la que todo el pasaje venía avanzando. El versículo que registra la traición, "mi nardo dio su aroma", pudo haber usado una palabra fea. Eligió una suave. Dio, no apestó. Y Rav oye en esa elección la respuesta a todo lo que dijo el hereje y a todo lo que el becerro demostró. La novia se desvió bajo el palio. El novio no se fue. El versículo que registra su falla está escrito en el lenguaje de alguien que todavía la ama.
Esa es la seguridad que hace posible el hacer-antes-de-escuchar. No que el pueblo nunca fallaría; falló casi de inmediato. Es que aquel con quien se comprometieron, cuando fallaron, describió la falla con la palabra más suave disponible y los conservó. Se puede decir "haremos" antes de "escucharemos" a un Dios así. No se le puede decir a nadie más. Y la enseñanza final da vuelta la acusación: la aluvá, la novia desvergonzada, se convierte en los aluvin, el pueblo que es insultado y calla y actúa por amor. La misma palabra, vuelta de acusación en fuerza. Ese giro es lo que los sabios pensaban que le había pasado a Israel entre el becerro y sus propios días. Dijeron "haremos" una vez, en un momento de confianza. Están en la escucha desde entonces.
Coda
Rava sigue sentado ahí al final de todo esto, con los dedos sangrando y un hereje parado encima. El Talmud nunca dice si se dio cuenta. Me gusta pensar que no: que respondió con su versículo y volvió al argumento, y la sangre se secó, y el hombre se fue sacudiendo la cabeza ante un pueblo que no aprendía a leer antes de firmar.
Tenía razón en que no iban a aprender. Habían firmado antes de que ardiera la montaña, sobre la fuerza de lo que sabían de quien pedía. Fueron coronados por eso, despojados por eso, llamados desvergonzados por eso, y conservados de todos modos. Cada generación desde entonces ha hecho lo mismo a su manera: tomó la Torá antes de entenderla, y pasó una vida en la escucha. Eso no es imprudencia. Así se ve amar a alguien primero y aprenderlo después, y encontrar, una y otra vez, en las palabras más suaves que el texto puede hallar, que uno no estaba equivocado.
Notas
- En el orden de la Torá las palabras vienen en Éxodo 24, después de los Diez Mandamientos. Los sabios leen el capítulo como anterior: en el propio Shabat 88a el pacto de Éxodo 24 se ubica el cinco de Siván, el día antes de la revelación. Así que en el relato del Talmud el pueblo aceptó sin ver, antes del fuego. Por eso también la montaña del primer ensayo desconcertó a los comentaristas: ¿para qué forzar a un pueblo que ya había dicho esto? Las respuestas de los Tosafot y del Maharal se dieron allí.
- La cuenta de los ángeles, y la respuesta por la fuerza, son de los Tosafot. Rabí Yojanán agrega que Moisés fue hallado digno y tomó todas las coronas, y Rashi conecta esto con la luz de su rostro cuando bajó de la montaña la segunda vez. Y Reish Lakish termina la sección con una promesa: en el futuro el Santo nos las devolverá, como está dicho: "y alegría eterna sobre sus cabezas" (Isaías 35:10), la alegría que una vez estuvo sobre sus cabezas.
- El manzano les dio trabajo a los comentaristas posteriores. Rabenu Tam, en los Tosafot, objetó que los manzanos reales crecen como cualquier árbol, hojas primero, y propuso que el tapúaj del Cantar es el cidro, el etrog, cuyo fruto del año anterior sigue en la rama cuando salen las hojas nuevas.
- El min, traducido habitualmente "hereje" o "sectario", era un lector de la Biblia que leía la Escritura contra los sabios: la palabra abarcaba cristianos, gnósticos y otros. La Babilonia de Rava, bajo dominio persa, estaba llena de encuentros así, y el Talmud registra varios. Los que hablan en este pasaje abarcan todo el mundo rabínico: Rabí Simai enseñó alrededor del año 200; Rabí Elazar ben Pedat, Rabí Jamá hijo de Rabí Janiná, Rabí Yonatán y su alumno Rabí Shmuel bar Najmani fueron sabios de la tierra de Israel en el siglo tercero; Rav fundó la academia de Sura en Babilonia alrededor del 220; Ula viajaba entre las dos tierras; Rava, a quien conocimos en el primer ensayo, dirigió la academia de Mejoza en el siglo cuarto.
- El propio Talmud, una página más adelante (Shabat 89a), explica cómo se quebró la confianza. Rabí Yehoshúa ben Levi lee "el pueblo vio que Moisés tardaba [boshesh]" (Éxodo 32:1) como bau shesh, "llegó la sexta hora". Moisés había dicho: en cuarenta días, al comienzo de la sexta hora, vuelvo. Al día cuarenta, Satán confundió al mundo, le dijo al pueblo que la hora había pasado y Moisés estaba muerto, y, cuando no le prestaron atención, les mostró una imagen de su lecho de muerte. Recién entonces fueron a Aarón. En el propio relato del Talmud, el becerro no empezó como un cambio de corazón. Empezó como duelo, trabajado por una imagen falsificada.